Pedagogía crítica y pedagogía posmoderna

Artículos - Pedagogía y Psicología

PEDAGOGÍA CRÍTICA Y LA PEDAGOGÍA POSMODERNA O POSCRÍTICA


Raúl Alberto Álvarez Ortega


Ø Si las teorías tradicionales eran teorías de aceptación, ajuste y adaptación, las teorías críticas efectuaron una inversión completa de aquellos fundamentos, desconfiando del statu quo, responsabilizándolo de las desigualdades e injusticias sociales. Las teorías críticas son teorías de desconfianza, cuestionamiento y transformación radical.

Ø Sin embargo, para las teorías críticas lo importante no es desarrollar técnicas sobre cómo hacer, sino definir conceptos que nos permitan comprender lo que la educación hace.

Ø Las teorías críticas tienen su fundamento en los aportes conceptuales de la Escuela de Frankfurt, Althusser y Bourdieu. Quienes entre otros realizaron valiosos aportes sociológicos que develaron mecanismos de dominación, reproducción y resistencia en una sociedad conceptualizada en términos de clases (mostrando la influencia del pensamiento marxista).

Ø Estos aportes no son propios de la teoría pedagógica, pero marcaron el campo conceptual para autores como Apple, Freire, Berstein, McLaren y Giroux, entre otros. Esta tradición extrapola las relaciones de producción del modo capitalista a la escuela, generando una visión tal vez acertada pero insuficiente por parcial y determinista.

Ø El objetivo pedagógico de esta tradición es la educación como herramienta para la liberación y la construcción de un orden social justo. Su radical visión sobre los aspectos políticos ha dejado como herencia la demostración irrefutable del carácter político de la educación como un vehiculizador de políticas.

Ahora, existe un conjunto de puntos que han sido cuestionados desde el postmodernismo y el postestructuralismo que dio origen a una tendencia poscrítica, aquí algunos:

Ø La falta de producción técnico metodológico. Es una tradición que por centrarse en el sujeto universal ha olvidado al sujeto concreto y ha subestimado (o supuesto como sencillo) el rol técnico del docente.
Por lo tanto hay poca producción sobre como construir una práctica docente “liberadora”. A su vez parece encarar la práctica escolar como la vía para liberar al sujeto y llegar a su estado puro, sin la “nociva” influencia de la sociedad en la que participa.

Ø La “bruma” de desconfianza con que se tiñe cualquier pensamiento que no reafirme los supuestos básicos de la tradición crítica. También, al centrar la óptica en las relaciones de clase, ha mantenido todos los condicionantes que pesaban y pesan sobre las minorías.

Ø La posmodernidad implica una ruptura con la perspectiva racionalista, un rechazo a los a priori y a los universales. En este marco los estudios sobre educación que se generen van a discutir las perspectivas de las tradiciones del período moderno, ya sean de corte progresista, técnico o crítico. “Lo posmoderno no se despide de la racionalidad, sino que la subordina a un a priori histórico y, asimismo, traslada la razón de la trascendencia hacia la contingencia (…) lo que intenta hacer, entonces, es edificar un pensamiento a partir del mundo o de aquello que entendemos que es el mundo”. (Veiga-Neto 1997: 14)

Ø Los estudios posmodernos priorizan los procesos que constituyen tanto lo pedagógico como la escuela, abandonando de modo radical el énfasis en “la verdad” para destacar el proceso por el cual algo se considera verdad (Da Silva 2001: 151).

Ø Es desde este lugar que aparecen estudios pedagógicos que analizan como se naturalizan diferentes modos de exclusión y discriminación. Ya las teorías críticas denunciaban que la sociedad capitalista naturalizaba aspectos de la vida social para mantener el estatus quo. En el caso de las teorías que construyen una lectura desde perspectivas culturales, de etnia, de género lo que realmente destacan es el carácter construido de las distintas identidades y la función de la educación en ese proceso.

Ø La educación (y con ella sus dispositivos) comienza a ser visto como “productor” de verdades, teniendo presente que desde este lugar las verdades son contingentes.

Ø Esta corriente cambia radicalmente la agenda del campo de estudio pedagógico. Centra las investigaciones en la textualidad del campo educativo, en la trama de los sujetos que lo atraviesan y son atravesados. Sin desconocer los aportes de la teoría crítica pone el acento en la subjetividad, la identidad, la alteridad, la relación entre saber y poder y el multiculturalismo.

Ø El gran vuelco que ofrece a la teoría pedagógica la visión posmoderna es la desmentida del sujeto como una entidad absolutamente racional. Es la visión de un sujeto que ni es presa de un devenir siempre avasallante, ni tampoco es omnipotente capaz de autorregularse por su conciencia o hacer realidad el “querer es poder”. Un sujeto construido en la vida mancomunada y constructor de la sociedad, para las teorías poscríticas, la subjetividad es y ha sido siempre social. En este punto docente y alumno atraviesan procesos que no dominan en forma conciente y coherente; participan en una misma trama de procesos políticos y sociales.

Ø No existe, por lo tanto, ningún proceso de liberación que haga posible que emerja finalmente un yo libre y autónomo. (Da Silva 2001) Da Silva señala que esta corriente nos brinda un panorama mucho mas completo y complejo de los procesos de dominación.

Ø Otra gran herencia de estas teorías es que después de las teorías poscríticas (y desde luego de las críticas también) es imposible pensar la teoría pedagógica sin reconocerla como productor de verdades, identidades y como un campo de tensión pero por propia definición. Nunca como una discusión exclusivamente técnica. Es la misma naturaleza de este, como la del humano es constituirse entre otros, la que lo configura como tal: espacio de determinación del saber y del poder.