Historia de la Sexualidad: de la Edad Media a la 脡poca Colonial

Art铆culos - Sexualidad y Educaci贸n Sexual

TENDENCIAS Y HERENCIAS DE LA SEXUALIDAD:

DE LA CRISTIANDAD MEDIEVAL A LA COLONIAL

 

                               por Jaime Humberto Borja G贸mez

INTRODUCCION

Referirse a una historia de la sexualidad y a las formas como 茅sta se ha vivido en tiempos y lugares distintos, implica partir de un principio fundamental: la sexualidad es un hecho cultural.

Esto quiere decir que cada cultura le otorga significados distintos, elabora s铆mbolos propios alrededor de la sexualidad y crea pr谩cticas aut贸ctonas acerca de su vivencia.

Partiendo de este principio, la cultura occidental cristiana cre贸 su propia visi贸n de la sexualidad, la cual no es un principio universal o una norma 煤nica de comportamiento: es una forma, entre muchas, de asumirla. Nuestra actual forma de comprenderla en sus dos grandes vertientes, lo "normal" y la "transgresi贸n", tiene un proceso de formaci贸n estrechamente relacionado con la historia de la cristiandad occidental.

Desde sus or铆genes, el cristianismo estableci贸 dos espacios de pr谩ctica que muchas veces no marcharon por el mismo camino: el discurso doctrinal, una idealizaci贸n moral acerca del comportamiento; y por otro lado, los h谩bitos y tradiciones locales que marcaban pr谩cticas espec铆ficas de comportamiento sexual, que muchas veces no ten铆an relaci贸n con el discurso oficial.

Discurso y pr谩ctica, en la historia de la cristiandad, definieron el espacio desde el cual hoy nos podemos preguntar por el qu茅 es y c贸mo se form贸 el ideal occidental del ser mujer y hombre. En otras palabras, la sociedad cristiana defini贸 c贸mo deb铆a ser el comportamiento sexual, al mismo tiempo que estableci贸 los par谩metros sobre los cuales se articularon las relaciones de g茅nero.

 

LA DOCTRINA EN LA CRISTIANDAD PRIMITIVA

La construcci贸n de un cuerpo doctrinal acerca de la sexualidad fue una labor dispendiosa para el cristianismo primitivo porque 茅ste carec铆a de bases seguras, y adem谩s, no hab铆a sido un tema central de la predicaci贸n del Jes煤s hist贸rico.

En primer lugar, el modelo cristiano asumi贸 la tradici贸n testamentaria, pero esto representaba varios problemas: por una parte, el Antiguo Testamento no ten铆a una doctrina uniforme al respecto, e incluso por su origen jud铆o, muchas veces era incompatible con el pensamiento cristiano, lo que ocurri贸 por ejemplo con muchos pasajes del Cantar de los Cantares.

Por su parte, el Nuevo Testamento ofrec铆a algunas pistas, pero no fundamentaba s贸lidamente una doctrina ni daban una base segura. Las pocas referencias acerca de una moral sexual cristiana se encontraban en las cartas de Pablo de Tarso, quien destac贸 el valor de la virginidad y la continencia en funci贸n de su discurso (1) apocal铆ptico .

Para Pablo, estos dos elementos garantizaban el ascetismo necesario que justificaba un retorno a los or铆genes del para铆so, condici贸n fundamental para la inmortalidad. En este sentido, el 煤nico espacio v谩lido para ejercer la sexualidad era el matrimonio, el cual San Pablo reconoc铆a b谩sicamente como "un remedio contra la concupiscencia" (I col. 7,12). El estado ideal del comportamiento humano era la castidad, luego el matrimonio era una concesi贸n, no un mandamiento. Sobre la base doctrinal propuesta por los textos paulinos, la cristiandad (2) primitiva ensambl贸 poco a poco su idea de matrimonio y sexualidad .

Uno de los criterios comunes a estas primeras concepciones fue la idea de la renuncia al placer, lo que estableci贸 uno de los grandes paradigmas sobre los que la cristiandad elabor贸 su percepci贸n de la (3)sexualidad: la espiritualizaci贸n del cuerpo .

Sin embargo, estas ideas paulinas no eran suficientes para justificar una postura integral frente a la sexualidad, porque sus escritos tan solo mencionaban elementos aislados.

La expansi贸n y consolidaci贸n de las primeras comunidades cristianas en el mediterr谩neo y su contacto con la diversidad cultural de la regi贸n, presionaron a que se fuera forjando una postura m谩s compleja frente a los comportamientos sexuales, para lo cual se recurri贸 a otras fuentes.

Para entonces, el cristianismo se expand铆a en el Imperio Romano, pero su fortaleza en el Mediterr谩neo oriental, favoreci贸 que asumiera con cierta facilidad elementos de la tradici贸n Helen铆stica.

Entre las doctrinas m谩s influyentes se encuentra el estoicismo, del cual el cristianismo tom贸 elementos relacionados con las pr谩cticas matrimoniales -c谩rcel del deseo y frontera entre el pecado y la virtud-, entre las que se encontraban la estabilidad, la fidelidad conyugal, la dependencia (4) rec铆proca, la negaci贸n del placer y la procreaci贸n como 煤nico fin .

De esta manera, la primera moral cristiana se preocup贸 por el problema de la virginidad y la continencia, justificando una espiritualizaci贸n del cuerpo, y dentro de ella, el lugar que le correspond铆a al matrimonio. La nueva doctrina comenz贸 a establecer un discurso acerca de varios elementos que permit铆an llevar a cabo este proyecto de espiritualizaci贸n del cuerpo, entre los m谩s representativos, una doctrina acerca del deseo y el placer.

Tambi茅n de influencia helen铆stica, hab铆a una necesidad de renunciar al placer por medio del control de los sentidos. El arquetipo que permit铆a que este elemento se integrara a la doctrina de la sexualidad era la idea que Dios hab铆a engendrado a su hijo sin pasi贸n, auricularmente por medio del arc谩ngel Gabriel, luego el ideal de sexualidad era el estado de virginidad. La especie humana deb铆a propagarse como los 谩ngeles, sin pecado.

El control se dirigi贸 a la mujer. Sin embargo, en la pr谩ctica la castidad masculina no representaba un problema y s贸lo aparece en los textos tard铆amente, entre los siglo IV y VI, en Oriente, especialmente entre monjes ermita帽os. 

Para entonces ya era claro que el imaginario cristiano del amor se hab铆a establecido en doble v铆a: una especie de "erotizaci贸n de Dios", y una espiritualizaci贸n de la carne. El amor se comprend铆a en la Antig眉edad como ascesis, entrega mutua, sentimiento entre iguales, aunque se reconoc铆a que el amor sensible y sexualizado era privilegio del hombre, lo que (5) naturalmente exclu铆a al amor conyugal, cuya aparici贸n tardar铆a varios siglos m谩s. Siguiendo estos principios de la antig眉edad, el cristianismo asoci贸 el amor a la virginidad y la castidad como ascesis. El ideal era "salir de la carne permaneciendo en el cuerpo".

El amor era comuni贸n fraterna entendido como ascenso a Dios. En este contexto, se crearon dos espacios v谩lidos para ejercer la sexualidad, la virginidad o el matrimonio, ambos, un remedio para el deseo el cual imped铆a el ascenso del alma por el apego a la carne.

El matrimonio se consolid贸 monog谩mico e indisoluble, frontera del pecado y la virtud. Esta postura excluy贸 de tajo otras posibilidades, como el homosexualismo. Este fue precisamente uno de los aspectos sobre los cuales la tradici贸n cristiana sigui贸 las ense帽anzas de Pablo.

Ajust谩ndose a la tradici贸n jud铆a de la cual proced铆a y la cual ten铆a un abierto rechazo a la homosexualidad, estableci贸 su postura con respecto a lo que m谩s tarde se llamar铆a sodom铆a fundamentalmente en tres textos: Romanos 1; 26-27; I Corintios 6: 9; I Timoteo 1:10, textos en los que el concepto sodom铆a estaba emparentado con fornicaci贸n.

Un elemento importante de esta perspectiva paulina fue el car谩cter casi eminentemente masculino de la acusaci贸n de homosexualismo, pues este comportamiento en la mujer no era nombrado.

La Edad Media hered贸 esta acusaci贸n de la casi exclusiva responsabilidad masculina, pues como veremos adelante, el car谩cter de pecado grave reposaba en el hombre por su activa colaboraci贸n en la creaci贸n.

Pero lo que es importante destacar es que la homosexualidad, pr谩ctica muy extendida en el mundo mediterr谩neo y a la que se le consideraba normal, se convirti贸 en un acto reprobable junto con la mollities, el conjunto de pr谩cticas que retrasaban el coito. Esta condena era una idea muy novedosa en un mundo donde las diversas formas de placer ten铆an una consideraci贸n diferente.

El cristianismo comenzaba de esta manera, a resaltar uno de los valores que exaltar铆a con el tiempo, la negaci贸n de todo placer que no estuviera en directa relaci贸n con la posibilidad de reproducci贸n.

El ambiente en el cual la cristiandad mediterr谩nea comenz贸 a articular su postura frente a la homosexualidad era, precisamente, el romano. Un ambiente que, si se quiere, era mucho m谩s ben茅volo y menos severo que el que posteriormente se gest贸, "en el mundo pagano del siglo II, se conced铆a a los hombres un notable margen de tolerancia, tanto en las cuestiones de la (6) homosexualidad como en las aventuras amorosas previas o ajenas al matrimonio" .

En este mundo, ning煤n comportamiento sexual era examinado, o censurado, con mayor detenimiento que otro. Como en la Antigua Grecia, la atracci贸n entre sexos iguales era un problema est茅tico del cual se derivaba el placer, pero lo que si era fuertemente juzgado era la actitud de algunos (7) hombres de querer asumir el papel femenino .

Los padres de la Iglesia, como en adelante el mundo cristiano, argumentaron el repudio a ciertos actos de la sexualidad siguiendo la doctrina que fundamentalmente hab铆a establecido San Pablo.

Pero por su parte, la censura contra los comportamientos homosexuales se hizo dentro del contexto de defender la castidad en general, lo que no implicaba que este tipo de (8) relaci贸n fuera considerada atroz o antinatural . De esta manera se sentaron las bases que prevalecieron en la Alta Edad Media.

Pero en general, y frente al repudio moral, la condena dependi贸 de la clase a la que pertenec铆a el sujeto. Durante estos siglos, se dio una importante caracter铆stica, la censura moral no implic贸 necesariamente el castigo al cuerpo del pecador, es decir, no se llev贸 a cabo una actitud cultural y abiertamente hostil a comportamientos homosexuales.

Contrario a lo que muchas veces se cree prejuiciosamente, este primer per铆odo de la cristiandad medieval demostr贸 una gran tolerancia, como lo ha demostrado John (9) Boswell , quien deja entrever que la homosexualidad se clasificaba como una de las especies de la fornicaci贸n, y no de las m谩s graves.

 

LOS CAMBIOS DE LA CRISTIANDAD BAJO MEDIEVAL

El proceso de formaci贸n de una doctrina excluyente e intolerante contra el homosexualismo se comenz贸 a evidenciar con los cambios sociales, econ贸micos y culturales que gener贸 la llamada "revoluci贸n feudal" del siglo XII. Las profundas transformaciones, como la consolidaci贸n del feudalismo, las reformas gregorianas y la escisi贸n de la cristiandad oriental, implicaron un proceso de complejizaci贸n de las redes culturales de la cristiandad, lo que inevitablemente (10) condujo a la formaci贸n de una sociedad represora .

Entre muchos elementos que aportaron al proceso de ideolog铆a con respecto a la homosexualidad, podemos destacar dos: el IV Concilio de Letr谩n (1215) que sacramentaliz贸 el matrimonio, y el desarrollo de la escol谩stica.

Estos dos acontecimientos permitieron la consolidaci贸n de una ideolog铆a m谩s clara con respecto a los comportamientos sexuales legales. Durante estos siglos de apogeo medieval, los te贸logos se preguntaron acerca de la unicidad de la moral.

驴Exist铆a una moral o pod铆an coexistir varias?. Evidentemente, los comportamientos sexuales fueron cuestionados fuertemente, lo que estaba relacionado con el mismo proceso de complejizaci贸n de las redes culturales.

Siguiendo la tradici贸n, los ejes sobre los que se articul贸 la normatividad del comportamiento sexual fueron aquellos valores que hab铆an sido considerados por la primera Cristiandad: la virginidad, la castidad y la continencia.

Los tres eran condici贸n para el ascenso del alma. De fondo, se trataba de buscar mecanismos que permitieran disciplinar, y unificar, la actividad sexual, pues hasta entonces, exist铆an muchas posibilidades de establecer relaciones de pareja, las cuales se organizaban de acuerdo a los diferentes entornos culturales de la cristiandad: los raptos, las uniones temporales y hasta la (11)casi imperceptible frontera entre concubinato y matrimonio, hablaban de ello .

Y aunque la Iglesia hab铆a mantenido una doctrina b铆blica del matrimonio, no se hab铆a atrevido a convertirlo en sacramento, porque no era f谩cil volver sagrada la uni贸n sexual, pecado por excelencia y elemento que desafiaba los tres ejes anteriormente nombrados.

Bajo los efectos de la reforma gregoriana se llev贸 a cabo el proceso de sacramentalizaci贸n del matrimonio, el cual pas贸 a convertirse en parte del misterio cristol贸gico. Su triunfo ocurri贸 en el Concilio IV de Letr谩n, el cual le otorg贸 tres caracter铆sticas: monog谩mico, indisoluble y (12) sagrado, y as铆 se sistematiz贸 en la liturgia .

De esta manera, despu茅s de varios siglos de debate, el matrimonio fue m谩s tolerado, pero esto no acarreaba que fuera aceptado con la misma naturalidad el deseo, cuya validez se discuti贸. La respuesta se dio en relaci贸n a la necesidad de controlar lo que ocurr铆a en el lecho conyugal.

Poco a poco se establecieron algunos sistemas de control, como por ejemplo, la obligaci贸n del acto sexual en el matrimonio; la condena del placer dentro del mismo -al que ya desde antiguo se le consideraba excesivo y antinatural, lo que se sustentaba en la idea que el acto deb铆a ser procreativo, no recreativo; una minuciosa clasificaci贸n de actos sexuales, lo que se pod铆a hacer y cuando se pod铆a hacer.

Se prohibi贸 radicalmente el "comercio oral", el coito anal y s贸lo se acept贸, como 煤nica posici贸n, el hombre arriba. El "retro canino" y el "mulier super virum" fueron asumidas como posiciones antinatura.

Para finalizar, la confesi贸n individual tambi茅n aparec铆a en escena, la vigilancia sobre el deseo individual.

El acto sexual, entonces, era una terapia para el deseo, una especie de ritual sagrado donde s贸lo el hombre pod铆a tener el papel activo, mientras que la mujer, el pasivo.

Las antiguas ideas estoicas cobraron mayor vigencia, la pasi贸n dentro del matrimonio se consideraba adulterio, y exist铆a la obligaci贸n de que los actos fueran discretos, controlados y sin ardor. El deseo y el placer, antinaturales por su misma naturaleza, eran accidentales dentro de la relaci贸n, luego nefanda era toda b煤squeda del placer sin orden a la procreaci贸n.

Para Duns Escoto, sin coito no hab铆a procreaci贸n pero deb铆a hacerse sin placer.

Santo Tom谩s opinaba que el 煤nico placer licito era el no eliminar las posibilidades de fecundaci贸n. En definitiva, el placer genital era un mal siempre que se desviara de la procreaci贸n, un estimulo que permit铆a la procreaci贸n. El placer no era natural ni era el fin de la relaci贸n sexual, al menos esta fue la soluci贸n encontrada para tolerar el deseo y el placer.

Y por supuesto, esta ideolog铆a exclu铆a cualquier otro tipo de relaci贸n intersexual.

El punto que articulaba la exclusi贸n de las relaciones homosexuales part铆a del principio estipulado por los te贸logos escol谩sticos para quienes el var贸n era el colaborador en la obra de la creaci贸n, porque ten铆a la semilla o semen, mientras que la mujer era un vaso receptor, pasiva, no activa.

De este modo, el hombre conten铆a la semilla de la vida y la mujer tan s贸lo era un recept谩culo, idea que se mantuvo hasta el siglo XIX cuando se descubri贸 la funci贸n del 贸vulo en el proceso de fecundaci贸n. Toda actividad sexual deb铆a conducir a la procreaci贸n como colaboraci贸n con la creaci贸n.

Este principio fue el que permiti贸 establecer la casu铆stica del pecado, es decir, el ordenamiento de la gravedad de los pecados sexuales. Bajo los efectos de la reforma gregoriana se llev贸 a cabo el proceso de sacramentalizaci贸n del matrimonio, el cual pas贸 a convertirse en parte del misterio cristol贸gico. Su triunfo ocurri贸 en el Concilio IV de Letr谩n, el cual le otorg贸 tres caracter铆sticas: monog谩mico, indisoluble y (12) sagrado, y as铆 se sistematiz贸 en la liturgia .

La estructura casu铆stica tuvo pocos cambios desde las propuestas de Santo Tom谩s en el siglo XIII hasta lo que propon铆a Fray Juan Enr铆quez en el siglo XVIII. Entre los pecados sexuales m谩s livianos se encontraba la fornicaci贸n simple, es decir, la relaci贸n de un hombre y una mujer que, sin obst谩culos para la procreaci贸n, comet铆an alg煤n pecado como concubinato, prostituci贸n, adulterio (ardor en el lecho), relaciones extramatrimoniales, pago de precio por mujer, rapto, etc.

En seguida se encontraba el estupro, relaci贸n entre un hombre con una mujer doncella, es decir, relaciones sin adhesi贸n voluntaria o por enga帽o.

M谩s grave, el adulterio, que ofend铆a el matrimonio como realidad sacramental.

En cuarto lugar, el incesto el cual depend铆a de los grados de consanguinidad, y que aun en el siglo XVI con el concilio de Trento prohib铆a las relaciones hasta en 4潞 grado.

En quinto lugar de gravedad, el sacrilegio, relaci贸n entre hombres con mujeres consagradas. Finalmente se encontraba, en el lugar m谩s bajo del orden (13)del pecado, el pecado contra natura . Esta era la 煤nica categor铆a que se entend铆a como una ofensa directa a Dios, en cuanto que perturbaba el orden natural.

En esta categor铆a entraban todos aquellos pecados sexuales relegados que eran considerados extremos, la sodom铆a, el bestialismo y la molicie (posturas no naturales, "tocamiento" y masturbaci贸n, entre otros.)

La condena se deb铆a a que estos actos no participaban de la econom铆a de la creaci贸n, es decir, la recta participaci贸n del hombre en la obra creadora, porque el semen se desperdiciaba y no cumpl铆a con su 煤nica funci贸n, la procreadora.

En la escala casu铆stica de degradaci贸n del pecado, el contra natura en cualquiera de sus vertientes era el 煤nico que se consideraba que atentaba directamente contra la imagen de Dios, de all铆 la gravedad del pecado. Debido a esta idea de la capacidad masculina para transmitir la vida, la doctrina cristiana s贸lo conden贸 gravemente el homosexualismo masculino, pues al no haber derramamiento de semen femenino, 茅stas no pon铆an en peligro la econom铆a de creaci贸n, luego su acto no era tan atroz como el delito que se le imputaba a los hombres.

Evidentemente, su acto era castigado, pero nunca alcanz贸 la gravedad del masculino.

En este contexto y recogiendo elementos ya mencionados, se entiende el car谩cter punitivo que tuvo el pecado nefando: contra natura, porque iba en contra del orden establecido de acuerdo al orden natural y nefando, por su acci贸n eminentemente placentera.

La casu铆stica y el castigo a este delito se aliment贸 de diversas fuentes, muchas de ellas conocidas desde los comienzos de la cristiandad. Por ejemplo, se tomaron elementos del derecho romano que ten铆an amplia circulaci贸n en la Baja Edad Media, como la Lex julia de adulteriis.

Pero tal vez, la fuente que m谩s justificaba el problema era la tradici贸n de los dos testamentos.

El pecado de Sodoma y el castigo que Dios les infligi贸, cl谩sico ejemplo b铆blico, fue retomado tanto para aplicar la pena de muerte como castigo, como para nombrar gen茅ricamente a quienes ca铆an en tal pecado (sodom茅ticos o som茅ticos).

Este t茅rmino, de larga tradici贸n en la cristiandad, tuvo cambios en la forma de ser concebido a lo largo de casi toda la Edad Media, pero en general se trataba de una noci贸n vaga que se emparentada a casi todos los actos il铆citos.

En el siglo IX, Hincmar de Reims defin铆a la sodom铆a como cualquier acto contra natura, desde relaciones con personas consagradas, parientes, mujeres casadas, embarazadas, relaciones por enga帽o, hasta la masturbaci贸n y relaciones con animales.

Con los cambios ocurridos en la baja Edad Media, el concepto como condenaci贸n se relacion贸 con la animalidad y la pasionalidad, pero tambi茅n, con actos que ten铆an que ver con la magia simp谩tica, es decir, costumbres como comer animales para adquirir sus comportamientos sexuales. El t茅rmino se defini贸 finalmente en relaci贸n a los actos carnales que implicaban genitalidad, oralidad y el coito anal, por lo que el concepto termin贸 referido al comportamiento homosexual.

Aunque como ya se ha mencionado, las tradiciones del Antiguo y Nuevo testamento no desarrollaron una doctrina unificada al respecto, en estos se encontraban citas dispersas que fueron empleadas durante la Baja Edad Media para justificar la condena.

Uno de los textos m谩s empleados fue Lev铆tico 20.13 en el cual se dec铆a que "el hombre que se acueste con var贸n, como se acuesta con una mujer, ambos han cometido una infamia; los dos morir谩n y su sangre caer谩 sobre ellos".

De igual manera otros textos, como los ya citados de Pablo, sirvieron para llevar a cabo la condena y ejecuci贸n de los acusados. Para la 茅poca, la Biblia como criterio de verdad, permit铆a justificar cualquier acto de esta naturaleza.

Es dentro de este contexto que encontramos el primer concilio de la Iglesia que aborda el problema y legisla sobre el, cuando en cierta forma, se encontraba bastante avanzada la cristiandad.

Ocurri贸 en el III Concilio de Letr谩n (1179). En el se mencionaba que cualquier cl茅rigo que fuera sorprendido en esta pr谩ctica se le retirar铆a del oficio o entrar铆a en un (14) monasterio, si se trataba de un laico, ser铆a excomulgado .

De all铆 en adelante, las penas a los homosexuales masculinos comenzaron a agravarse: Gregorio IX convoc贸 a la inquisici贸n para extirpar la homosexualidad en Alemania.

Ya para entonces se condenaban al fuego a 茅stos en los reinos cristianos de Oriente. Lo cierto es que la formaci贸n de esta actitud intolerante estaba relacionada con la definici贸n de los espacios que le compet铆an a la sexualidad "normalizada".

Fue a partir de la d茅cada de 1250 cuando comenz贸 a aparecer la condena con toda su fuerza en los c贸digos de la pen铆nsula Ib茅rica, Francia y el norte de la actual Italia.

Tambi茅n se radicalizaron los tipos de castigo dentro de la administraci贸n de la justicia secular, 铆ntimamente relacionada con la religiosa.

De cualquier modo, invariablemente acarreaban la muerte para el acusado, donde los tipos de castigo iban desde la hoguera hasta la castraci贸n, la c谩rcel y el destierro.

Al tomar la legislaci贸n de la pen铆nsula Ib茅rica, resulta muy diciente la actitud tan radical que asumi贸 frente a este comportamiento. El Fuero de Bejar afirmaba: "De var贸n que fornica con otro. Qui fuer preso en sodom铆tico pecado, quemarlo"; el Fuero de Baeza, no era menos radical: "Quien en pecado contra natura fuere preso sea quemado". Fuero de Ubeda dec铆a: "De pecado sodom铆tico, Todo aquel que en pecado contra natura fuere preso, sea quemado" o "Todo aquel que sea hallado (15) fodiendo a otro home sea quemado" .

Por su parte, uno de los textos jur铆dicos m谩s importantes de la baja Edad Media ib茅rica, las Partidas de Alfonso el Sabio, legislaba largamente sobre este prop贸sito.

Siguiendo la tradici贸n de la doctrina esbozada en su 茅poca y siguiendo la l铆nea de los textos precedentes, juzgaba de gravedad el pecado sodom铆tico contra natura, exclusivamente entre hombres:

"Quien pude acusar a los que facen el pecado sodomitico e ante quien e que pena merecen haber los facedores del e los consentidores. Cada uno del pueblo puede acusar a los homes que ficiesen pecado contra natura. E este acusamiento puede ser fecho delante del juzgador do ficiesen tal yerro. E si le fuere probado debe morir por ende (16) tambien el que lo face como el que lo consiente..." .

Adem谩s, como era usual en su 茅poca, asum铆a la concepci贸n de pecado para convertirlo en delito civil, punitivamente grave. Adem谩s, la justificaci贸n de su gravedad estaba sustentada en la doctrina cristiana, de la cual tomaba la consabida argumentaci贸n b铆blica, donde la historia de Sodoma y Gomorra era la m谩s aceptada, no solamente en cuanto a castigo sino tambi茅n como narraci贸n que contaba el origen del comportamiento.

La necesidad de controlar el homosexualismo nac铆a de la idea que el conllevaba muchos otros pecados, con lo cual la civilizaci贸n se expon铆a a un castigo de la naturaleza de Sodoma, la destrucci贸n.

De esta manera, la cristiandad medieval sentaba las bases acerca de la construcci贸n occidental de la sexualidad, especialmente lo que tocaba a aquellos comportamientos que no se consideraban colaboradores con la obra de la creaci贸n.

La cuesti贸n que se estableci贸 a partir del siglo XIII fue el problema moral de la emisi贸n del semen, raz贸n por la cual se condenaban la homosexualidad, el bestialismo y la molicie. La prohibici贸n de relaciones que no estuvieran abiertas a participar en la econom铆a de la creaci贸n implicaban tambi茅n la prohibici贸n de besos y caricias en "partes vergonzosas", prohibici贸n que pes贸 hasta el siglo XVI, cuando entraron en una etapa de mediana tolerancia.

Estos actos, como toda acci贸n de placer, si estaban prohibidos dentro del espacio matrimonial, m谩s a煤n eran condenados en espacios homosexuales. La noci贸n de lujuria se aplicaba precisamente a estas situaciones, es decir, cualquier forma de rechazo a la castidad.

 

 

LAS HERENCIAS DE LA CRISTIANDAD COLONIAL

Este proceso hab铆a resultado del afianzamiento de la base doctrinal del cristianismo, as铆 como de las determinaciones sociales propias de su momento. Hasta entonces, la moral sexual era muy r铆gida, juzgada entre lo il铆cito y lo pecaminoso.

Jur铆dicamente se condenaba partiendo de la base de la polarizaci贸n entre los actos l铆citos, contenidos dentro del espacio matrimonial, y los il铆citos, por fuera de 茅ste.

Establecidas estas bases, la condici贸n y valoraci贸n del comportamiento homosexual cambi贸 muy poco en los siguientes siglos.

S贸lo los acontecimientos del siglo XVI y el proceso de secularizaci贸n dieron como resultado algunas transformaciones. Sin embargo, por aquel tiempo se consolidaba el concepto moderno de familia, la familia nuclear, lo que permiti贸 que se reforzara punitivamente cualquier delito-pecado que atentara contra esta nueva instituci贸n, es decir, la tolerancia era menor.

La legislaci贸n vigente con respecto a la homosexualidad en la Espa帽a de los siglos XVI al XVIII, y por extensi贸n en sus colonias americanas, estuvo marcada por las pragm谩ticas de Reyes Cat贸licos y Felipe II, las cuales eran herederas de las ideas bajomedievales.

La pragm谩tica de 1497 de los reyes cat贸licos recog铆a de nuevo los elementos que eran esenciales. Insist铆a en que era un acto en contra del orden natural, y que por tal raz贸n deb铆a ser castigado, pero insist铆a en que se deb铆a extirpar, para lo cual se aconsejaba que el criminal "sea quemado en llamas de fuego en el lugar e por la justicia a quien perteneciese el conocimiento e funci贸n de tal delito".

Pero una de las caracter铆sticas importantes de este documento es que elevaba el delito a la misma altura que ten铆a la herej铆a y los actos de lesa majestas.

La nuevas leyes fueron complementadas por un famoso jurista de comienzos del siglo XVI, Gregorio L贸pez -adem谩s glosador de las Siete partidas-, quien incluy贸 como delito grave el comportamiento homosexual femenino, pero en una categor铆a de pecado inferior al masculino.

Estas leyes plantearon la vigilancia escrupulosa de cualquier comportamiento desviante a la norma. Para entonces se plante贸 la pena de muerte tanto al activo como al pasivo.

Con respecto a las relaciones entre mujeres, su castigo se atenu贸 a azotes y c谩rcel, siempre y cuando no hubieran empleado instrumentos. Persist铆a la idea que todo lo que no colaborara con la obra de Dios, se castigaba.

Sin embargo, un elemento fundamental en la historia de la sexualidad occidental lo constituy贸 la convocaci贸n del Concilio de Trento a mediados del siglo XVI.

En aquel momento la cristiandad bull铆a en cambios: por un lado, los efectos de la Reforma Luterana hab铆an modificado las relaciones de la Iglesia con los estados; por otro lado, el impacto del descubrimiento de Am茅rica, alteraba la autocomprensi贸n de mundo que ten铆a la cristiandad; adem谩s, la imprenta alteraba hasta cierto punto, los h谩bitos y costumbres de la poblaci贸n.

En este contexto, el concilio de Trento reorganiz贸 la Iglesia para los pr贸ximos cuatro siglos.

Con respecto a los problemas que ten铆an que ver con la sexualidad, el punto articulador fue la doctrina matrimonial, la cual adquiri贸 los rasgos que hasta hoy lo distinguen, y por supuesto, exclu铆a cualquier otro comportamiento.

Si Europa se encontraba fuertemente atada a la interpretaci贸n medieval de la homosexualidad, los territorios espa帽oles en Am茅rica conservaron la misma tradici贸n pero con algunos (17) cambios.

Pese al silencio historiogr谩fico que pesa sobre este tema , se conocen algunos de sus elementos en las colonias americanas, caracter铆sticas que pese a las diferencias regionales, conservaron los par谩metros heredados de la tradici贸n medieval.

Sin embargo, una de las condiciones hist贸ricas que permiti贸 que el proceso fuera diferente fue que estos territorios se encontraban alejados de los sistemas de control ejercidos en Espa帽a, por lo que en alguna medida hubo cierta laxitud con respecto al control sobre los comportamientos sexuales.

A esta condici贸n tambi茅n hay que agregar que la cristiandad nunca se hab铆a enfrentado a culturas que conservaban otras categor铆as con respecto al uso del cuerpo, por lo que homogenizar los comportamientos fue una caracter铆stica esencial del proceso de implantaci贸n de la cultura (18) espa帽ola desde el 谩mbito de los h谩bitos como en el religioso .

En el caso de ciertos pecados como el incesto, la laxitud pod铆a depender del obispo, quien pod铆a perdonarlo dependiendo del grado de consanguinidad, si se llevaba a cabo matrimonio, el grado de suplica o la gravedad del pecado.

Pese a esta condici贸n, otro rasgo distintivo del proceso en Am茅rica fue que la acusaci贸n recay贸 especialmente sobre aquellos grupos culturales que se alejaban de la norma cultural que ten铆an los conquistadores, es decir, la acusaci贸n de homosexualidad se llev贸 sobre aquellos ind铆genas americanos que se resist铆an a la conquista, con lo cual tambi茅n se justific贸 la idea de Guerra Justa.

Tiempo m谩s tarde, la misma acusaci贸n de comportamiento "infame" se ejecut贸 sobre los esclavos negros y sus "extra帽as" actitudes.

Esta imputaci贸n no era rara en el pensamiento cristiano, pues se hab铆a llevado a cabo a lo largo de toda la historia del pensamiento medieval, el cual acusaba de exceso sexual, especialmente de homosexualidad, a todos aquellos exogrupos que representaban un peligro para el ordenamiento social: as铆 se hizo sobre herejes, jud铆os o templarios.

Se trataba de una forma de disminuir al "otro", feminizarlo, para resaltar sus "b谩rbaras" costumbres. De hecho, la homosexualidad era una caracter铆stica del "b谩rbaro", (19) seg煤n algunas fuentes de la antig眉edad cl谩sica .

Finalmente, acusar a un grupo diferente de "perverso", era una creaci贸n sociocultural, elaborada sobre par谩metros bajomedievales.

La palabra se hab铆a sometido a muchos cambios y a diferentes significaciones: los habitantes de Am茅rica eran una de estas significaciones.

En el siglo XVII a煤n no exist铆a la designaci贸n de "homosexual", pues no hab铆a una categor铆a para reconocerlos, su actitud no ten铆a nombre. Siguiendo la tradici贸n de los siglos anteriores, no se castigaba al hombre o mujer homosexual sino su capacidad para cometer un pecado, nefando. En los territorios coloniales tambi茅n se les llam贸 sodomitas, som茅ticos y ocasionalmente, "putos".

Aunque en la historia de Am茅rica Colonial no hubo una persecuci贸n a gran escala de homosexuales, o al menos conocida hist贸ricamente, no fue obst谩culo para su presencia generara rechazo dentro de la sociedad, debido a tres aspectos: el rechazo religioso, (20) un cierto miedo pol铆tico y social y un desprecio a la persona . La palabra sodomita, y la presencia de sodomitas, engendraba el miedo a la expansi贸n de una peste, como sol铆a ocurrir con las brujas y hechiceras, en cuyo caso una sola pod铆a contagiar a la poblaci贸n.

Cuando se acusaba a alguien de este delito sexual, se empleaban otros t茅rminos para referirse a 茅l: inmundicia, torpeza, c谩ncer.

Pero a veces, los t茅rminos eran tan poco precisos que, por ejemplo, se empleaba la palabra "nefando" para referirse a negros que se rebelaban o a los indios que practicaban otros ritos distintos a los cristianos, porque la idolatr铆a tambi茅n era nefanda. Pese a esta concepci贸n acusadora y de las tradiciones heredadas de la cultura medieval, en las colonias el castigo del pecado-delito contra natura, dependi贸 de una amplia casu铆stica que, como mencionaba anteriormente, no se pod铆a aplicar tan dr谩sticamente como se llevaba a cabo en Europa.

De esto da fe lo que corresponde a la Inquisici贸n: si la europea fue m谩s o menos ben茅vola con los homosexuales (en comparaci贸n con los tribunales civiles), en el Santo Oficio indiano el problema pas贸 casi desapercibido.

La Inquisici贸n juzgaba solamente problemas relacionados con la fe, luego no abr铆a proceso a una persona por el s贸lo hecho de practicar la sodom铆a, a menos que renegara p煤blicamente de alg煤n mandamiento de la Iglesia o hiciera apolog铆a de su comportamiento involucrando alg煤n elemento de la doctrina o el dogma.

En este sentido, la justicia real era la encargada de juzgar el pecado.

Seg煤n los datos, entre 1540 y 1700, los Tribunales Peninsulares de Valencia, Barcelona y Zaragoza procesaron 380, 453 y 791 personas respectivamente, lo que en relaci贸n al total de delitos no era una cifra muy (21) representativa .

Mientras tanto, el 煤nico caso conocido en los tribunales indianos es un proceso llevado a cabo en Puebla de los Angeles en 1658, Nueva Espa帽a, en el cual se condenaron 14 personas y se levant贸 proceso contra 99 sospechosos. Los Tribunales de Cartagena o Lima no tuvieron casos similares, porque por aquel entonces se encontraban persiguiendo brujas y criptojud铆os.

Es decir, cada sociedad elevaba su condici贸n del miedo a aquellos elementos que afectaban su proceso de sociabilidad y pod铆an crear condiciones de caos cultural, problema tan frecuente en la colonia.

Sin embargo, la persecuci贸n de la cultura colonial no debe tomarse como un elemento homof贸bico, pues finalmente, tanto el discurso oficial y el temor a una epidemia social se elevaron contra todos aquellos n煤cleos culturales diferentes, y diferentes diversas perspectivas: religiosas, rituales o sexuales.

Ya se ha mencionado el caso de los miedos y persecuciones contra brujas, pero tambi茅n a criptojud铆os en el siglo XVII, m谩s adelante lo (22)fueron los ilustrados o los revolucionarios .

En todos los casos, lo que generaba miedo a los pobladores coloniales estaba inspirado en dos tipos de actitudes: acusaban desde la consideraci贸n de llevar a cabo actos pecaminosos; y el temor crec铆a con el rumor de reunirse en secreto en grupos de intereses.

Es decir, parecer铆a que lo que causaba el temor no era tanto el hecho de cometer un pecado, sino el acto casi conspiratorio de reunirse. Parecer铆a que la sociedad colonial en su conjunto, pese a las diferencias regionales, fue m谩s tolerante frente a ciertos comportamientos sexuales, como la prostituci贸n y el homosexualismo, siempre y cuando estuvieran dentro del 谩mbito de lo privado y no generaran esc谩ndalo p煤blico.

Finalmente hay otro problema que toca de cerca el problema del comportamiento homosexual en el caso indiano y que por s铆 mismo est谩 relacionado con el proceso de una posible tolerancia. Es lo que tiene que ver con el inexplorado problema del resultado de comportamientos sexuales, en sociedades en donde convergieron grupos culturales tan distintos, cada uno de ellos multiplicado en otras culturas y cada una con comportamientos, actitudes y simbolismos diferentes alrededor de la sexualidad.

Poco sabemos de los ritos sexuales de la multitud de naciones africanas que en la di谩spora esclavista llegaron a Am茅rica, y menos de las actitudes de los miles de grupos 茅tnicos ind铆genas que habitaban Am茅rica.

La pregunta es entonces, cual puede ser el resultado de la mezcla de todos estos grupos en relaci贸n a la visi贸n particular de lo que Occidente design贸 "comportamiento homosexual"?

En una cultura determinada, como la colonial, los procesos de sociabilidad tienen muchas v铆as de expresi贸n, algunas, como la sexualidad, pueden comportarse como una subcultura con geograf铆as secretas, informaci贸n e informantes secretos, que la cultura dominante no quiere o no puede desvelar porque forma parte de sus "tolerancias".

En el caso de una subcultura homosexual, en todo el sentido de la palabra, tambi茅n hay un ocultamiento de los lenguajes y c贸digos que hacen posible su pervivencia.

En el proceso colonial hay muchos ejemplos de lo que no se tolera, 驴c贸mo se ve?, 驴c贸mo se lee?. Ciertos comportamientos ind铆genas o africanos, e incluso cristianos, han permanecido ocultos porque tal vez no dejaron rastros documentales, lo que no quiere decir que no hayan existido, y m谩s en una cultura de la teatralidad exterior donde lo clandestino puede existir siempre y cuando no despierte esc谩ndalo.

De esta forma se fue consolidando la idea del sodomita, el futuro homosexual. Esta condici贸n se conserv贸 hasta el siglo XIX, cuando los cambios con respecto al conocimiento del cuerpo comenzaron a modificar las nociones religiosas sobre la humanidad misma y la sexualidad. Entre m谩s se reconoc铆a el cuerpo, m谩s se avanzaba en su conocimiento, m谩s se afirmaba la "naturaleza humana".

La condena a la homosexualidad dependi贸 de la 茅poca y se帽alaba una conducta, no un car谩cter o personalidad.

As铆 apareci贸 registrado en el periodo colonial, donde, aunque se conserv贸 la doctrina cristiana medieval, en la pr谩ctica fue m谩s tolerado, pues finalmente la r铆gida doctrina se enfrentaba a n煤cleos culturales como los africanos o ind铆genas, donde la sexualidad -y la homosexualidad- ten铆a otros valores.

El miedo que despert贸 el homosexual en la cultura cristiana, fue como un espejo donde se reflejaba todos aquellos valores que la sociedad rechazaba. El enemigo acosado fue siempre acusado de practicar el pecado nefando: los sodomitas son los otros, los nefandos son los forasteros.

De fondo a toda esta problem谩tica se encuentra el problema del valor y el sentido del manejo del cuerpo en sociedad.

Para Norbert Elias, el refinamiento de los usos y h谩bitos burgueses basados en los escr煤pulos, el pudor y el asco, es decir, todo lo que se debe ocultar, dieron paso a la consolidaci贸n de la moral burguesa y este fue el pre谩mbulo para que en el siglo XIX, concretamente en la 茅poca victoriana, apareciera una conciencia ps铆quica de la homosexualidad, es decir, ya no como un pecado como acto aislado sino un comportamiento.

Oscar Wilde y su relaci贸n con Sir Alfred Douglas, es uno de los primeros casos.

Habr铆a que esperar hasta el siglo XX para que se comenzara a generar una verdadera revoluci贸n sexual, la aceptaci贸n de la diferencia sexual.  

 


1 Con respecto al problema de la sexualidad en la tradici贸n testamentaria, la informaci贸n es muy amplia.

Una s铆ntesis a la problem谩tica se encuentra en Heinrich Fries, Conceptos fundamentales de Teolog铆a, Tomo II, p谩g. 704 y ss.
2 Jean Gaudemet, El matrimonio en occidente, pp. 59-61; y cap铆tulo 3.
3 Ronaldo Vainfas. Casamento, Amor e desejo no ocidente cristao. Cap铆tulo 2. Philippe Aries, San Pablo y (los pecados) de la carne, pp. 65-66.
4 Con respecto a las primeras concepciones a cerca del matrimonio y la sexualidad en la Cristiandad Primitiva, v茅ase Peter Brown. La Antig眉edad tard铆a, p. 258-260; 289-301

5 El amor como parte constitutiva de la relaci贸n de pareja s贸lo se consolid贸 hasta el siglo XIX, dentro del ambiente propio de la sociedad burguesa, es lo que se conoce como el amor moderno.
6 Peter Brown, El cuerpo y la sociedad. Los cristianos y la renuncia sexual, pp. 54.
7 Paul Veyne. La homosexualidad en Roma, pp. 50-51.
8 John Boswell, Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad, cap. I y II.
9 Ibid, cap. III.
10 Sobre el proceso de formaci贸n y consolidaci贸n de la intolerancia en Europa, v茅ase, R.I Moore, La formaci贸n de una sociedad represora. Poder y disidencia en la Europa occidental. Cr铆tica, Barcelona, 1989.
11 Jean Gaudemet, El matrimonio en occidente, pp. 147-149; 201-204.
12 Ronaldo Vainfas, op.cit, pp.30-33
13 Tomas y Valiente, Francisco. El crimen y pecado contra natura, pp. 35-36.
14 R.I Moore, op. cit, pp. 112 ss.
15 Estas citas est谩n tomadas de Tomas y Valiente, Francisco. El crimen y pecado contra natura, pp.38-40
16 Alfonso el sabio. Las siete partidas. Proemio del T铆tulo XXI de la Partida S茅ptima. Tambi茅n: Ley 1 del mismo t铆tulo y Partida.
17 La historiograf铆a latinoamericana poco se ha preocupado por esta tem谩tica. Entre las investigaciones que se han llevado a cabo se puede nombrar el trabajo de Serge Gruzinski, las cenizas del deseo y la de Luis Mott, o sexo proibido. Virgens, gays e escravos nas garras da inquisicao.
18 Jaime Borja. El control sobre la sexualidad: indios y negros (1550-1650) en Inquisici贸n, muerte y sexualidad en la Nueva Granada.
19 Roger Bartra, El salvaje en el espejo, Unam, M茅xico, 1992, pp. 30.
20 Serge Gruzinski, las cenizas del deseo, pp. 256 ss.
21 Tomas y Valiente, Francisco. El crimen y pecado contra natura, pp. 52 ss.
22 Jaime Humberto Borja G. Rastros y rostros del demonio en la Nueva Granada. Segunda y tercera parte. 
 


 

BIBLIOGRAFIA

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Fries, Heinrich, Conceptos fundamentales de Teolog铆a, Tomo II, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1979. Gaudemet, Jean, El matrimonio en occidente. Taurus Humanidades, Madrid, 1993.

Jaime Borja, "El control sobre la sexualidad: indios y negros (1550-1650)", en Inquisici贸n, muerte y sexualidad en la Nueva Granada, Ariel, santa Fe de Bogot谩, 1996.

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Roger Bartra, El salvaje en el espejo, UNAM, M茅xico, 1992.

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Vainfas, Ronaldo, Casamento, Amor e desejo no ocidente cristao. Editora Atica, Sao Paulo, 1986.

Veyne, Paul, "La homosexualidad en Roma", en: Philippe Aries, Sexualidades occidentales, Paidos, Barcelona, 1987.  

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