Ideolog铆as... i- Poder papal. Gregorio VII. S Bernardo. Sto Trom谩s. Inquisici贸n. Cristiandad

4.  LUCHA POR EL PODER SUPREMO. 
Las Investiduras.
La teocracia en pleno
 

a) En esta tercera etapa de la Edad Media, en el esplendor del feudalismo, la relaci贸n del papado con emperadores y reyes sufri贸 variadas vicisitudes y conflictos, incluso guerras,  debido a la habitual ingerencia del poder civil en los nombramientos de los papas, obispos y altos cargos eclesi谩sticos. Es la llamada 鈥lucha de las investiduras鈥.

Investir era el acto por el cual el pr铆ncipe asignaba a alguien como obispo o abad, entreg谩ndole las insignias propias (b谩culo, anillo, etc.), costumbre universal desde Pipino hasta el siglo XI, y que produc铆a nefastos efectos en un clero ya con baja moral, debido a la simon铆a  (venta de los cargos eclesi谩sticos), al nepotismo (favoritismo de los parientes) y a los intereses econ贸micos y pol铆ticos mezclados con la entrega de las sedes.


Durante este per铆odo, las relaciones con la Iglesia de Bizancio, tensas desde la creaci贸n del Imperio Romano de Occidente, llegaron a su punto cr铆tico y se produjo la fractura decisiva con el cisma del Patriarca Miguel Cerulario el 16 de julio de 1054.
El motivo de fondo: nunca la Iglesia de Oriente acept贸 el nuevo Imperio Romano de Occidente y el lugar de privilegio de Roma.
 La causa que desencaden贸 la lucha de las investiduras fue, por supuesto, la gran discusi贸n sobre qui茅n ten铆a la primac铆a en la cristiandad: si el papa o el emperador.

Hab铆a dos posturas: el emperador era designado directamente por Dios, actuando el papa solamente como un intermediario, en cuyo caso el jefe supremo de la cristiandad era el emperador.
O bien, Dios lo designaba por medio de quien es el poder supremo de la cristiandad, el Papa, quien como tal nombra a un ministro para los asuntos temporales. 
Se trata de un problema t铆pico de la teocracia, cuyos conflictos entre el rey y el sacerdocio tambi茅n estuvieron presentes en la teocracia jud铆a (ya desde Sa煤l y su lucha contra  Samuel) que ahora tiene una nueva reedici贸n.
 

Fue una larga disputa, tejida con infinidad de argumentos para dirimir el problema de las 鈥渄os espadas鈥 o dos poderes, con citas evang茅licas (鈥淵o te dar茅 las llaves del reino...鈥, Mt. 16,18-20) y artilugios teol贸gicos, no sin olvidar la leyenda constantiniana y las falsas decretales, e incluso con guerras y mutuas excomuniones, que dieron finalmente el triunfo al papado, especialmente bajo el cisterciense Gregorio VII ( 1073-85 ) que destituye al emperador Enrique IV, lo excomulga y libera a sus s煤bditos de la obediencia.
El motivo fue que Enrique continuaba con las investiduras y nombr贸 como obispo de Mil谩n a un partidario suyo, deponiendo al titular diocesano. El emperador, sin el apoyo de los nobles, se ve obligado a humillarse y pedir perd贸n en Canosa.
Es significativo el texto de la excomuni贸n: 鈥淧rivo al hijo del emperador Enrique, que se ha levantado contra la Iglesia con una inaudita insolencia, del gobierno de todo el reino de los teutones y de Italia; dispenso a todos los cristianos del juramento que le han prestado o que le prestar谩n; proh铆bo a todos que le obedezcan como rey...鈥 

Gregorio VII invoca la teor铆a de los papas Gelasio y S. Gregorio, y especialmente se inspira en numerosas citas del Antiguo y Nuevo Testamento. Su doctrina teocr谩tica se resume en estos art铆culos: La Iglesia romana fue fundada por el Se帽or. S贸lo el papa puede usar las insignias imperiales y es el 煤nico hombre cuyos pies deben besar los pr铆ncipes.
Le est谩 permitido destituir a los emperadores y s贸lo 茅l puede investir o deponer a los obispos. S贸lo 茅l puede convocar los concilios. Nadie puede reformar su sentencia y s贸lo 茅l puede reformar la sentencia de todos. No debe ser juzgado por nadie.

El Papa puede eximir a los s煤bditos de la obediencia a pr铆ncipes inicuos (principales art铆culos de los 27 del Dictatus Papae de 1075, aplicados poco despu茅s contra Enrique IV).
El Papa es el vicario de Pedro, a quien Cristo hizo pr铆ncipe 鈥渟obre los reinos de todo el mundo鈥 y tiene la potestad de mandar sobre el mundo universal (universo mundo imperare).
Ya por el decreto de abril del 1059 del Papa Nicol谩s II (1058-61) se hab铆a determinado que el Sumo Pont铆fice ser铆a elegido exclusivamente por elecci贸n de los Cardenales, sin injerencias directas del emperador o del pueblo.
 

Gregorio VII
(el monje Hildebrando) es el inspirador de una profunda reforma de la Iglesia, tendiente no solo a lograr su independencia, sino a combatir la simon铆a e imponer el celibato, todo tendiente a un clero de mejor vida espiritual. Para el mejor gobierno de la Iglesia, organiza la Curia romana y centraliza toda la administraci贸n eclesi谩stica.
Gregorio contar谩 con el apoyo de san Pedro Dami谩n (1007-72), te贸logo y obispo de Ostia, que  otorga todo el poder teocr谩tico al Papa, quien debe budcar la armon铆a con el Estado, 鈥渋nstrumento providencial de represi贸n de los malvados e imp铆os鈥.

En esta 猫poca tambi茅n se lucha a favor de una vida social m谩s pac铆fica y fraterna, con la instituci贸n de la Tregua de Dios (prohibici贸n de batirse desde el viernes al domingo) y de la Paz de Dios (no atacar a los cl茅rigos ni a los campesinos y mercaderes, no incendiar casas ni hacer saqueos). Tambi茅n florece la reforma religiosa de los monjes de Cluny , especialmente por obra de San Bernardo.
 En los a帽os siguientes, el papado llega a su apogeo que se prolonga por dos largos siglos.

S. Bernardo de Claraval
(1090-1153) ense帽a que el Papa no es s贸lo el vicario de Pedro, sino de Cristo mismo (vicarius Christi) con poder tanto sobre la Iglesia como sobre todo el mundo entero: rey de la tierra, preside reinos e imperios, gobierna a pr铆ncipes, pueblos y naciones.
Solo el Papa detenta las dos espadas o poderes: tiene y usa la espiritual; tiene y cede la temporal al pr铆ncipe para que la use seg煤n voluntad  de la Iglesia (ad nutum ecclesiae). 鈥淟a espada espiritual y la material pertenecen a la Iglesia; pero la material debe empu帽arse para la Iglesia, mientras que la espiritual, por la Iglesia. Una est谩 en manos del sacerdote, la otra en manos del soldado, pero a las 贸rdenes del sacerdote y bajo mando del emperador鈥 (Liber de consideratione).
El Papa legitima el poder temporal, otorga los t铆tulos del pr铆ncipe y supervisa el ejercicio del poder secular.
Bernardo es una figura estelar de la Edad Media, tanto por su influencia pol铆tica como por la reforma de los benedictinos.

En esta misma 茅poca, el gran te贸logo Hugo de San V铆ctor (1096-1141) distingue claramente los dos 贸rdenes de la Iglesia que quedar谩n como tradicionales hasta nuestros d铆as: el clero y el laicado, brazos derecho e izquierdo de un mismo cuerpo, uno espiritual y otro terrestre, uno superior y el otro inferior. Para Hugo 鈥渆n la Iglesia, la dignidad sacerdotal consagra el poder real, lo santifica bendici茅ndolo y le da un cuerpo instituy茅ndolo.... El poder del rey es instituido por el sacerdocio por orden de Dios...鈥 (De Scramentis christ6iane fidei).

Resultado de estas ideas y de esta praxis, fue el gran desarrollo de los estudios can贸nicos (derecho eclesi谩stico), especialmente en Bolonia, Par铆s e Inglaterra.
La famosa compilaci贸n de c谩nones realizada por Graciano (concida como Decreto de Graciano) abre el camino a otros importantes canonistas de los siglos XII y XIII.
 
Con Federico Barbarroja (1152-90)  y Enrique VI (1190-97), las pretensiones imperiales tuvieron una nueva arremetida, pero bajo su sucesor, un menor de edad, la culminaci贸n de poder papal fue total con Inocencio III  (1198-1216), bajo cuyo pontificado Francisco de As铆s comienza su obra reformadora desde la pobreza evang茅lica.

Inocencio fue el verdadero amo y emperador de Europa, y 谩rbitro indiscutido de todos sus reinos. Era la teocracia en pleno. Inocencio III no solo dispuso del imperio germano a voluntad, sino que recibi贸 homenaje y tributos de Inglaterra (Juan sin Tierra), Arag贸n, Castilla, Portugal, Suecia, Dinamarca, Polonia, el reino de Kiev, Croacia, Hungr铆a y Bulgaria. S贸lo se le resisti贸 el rey de Francia, Felipe Augusto.
Los siglos XII y XIII fueron, pues, la etapa m谩s brillante de la Edad Media, la cristalizaci贸n de la Cristiandad y del poder de la Iglesia. 

Una importante consecuencia
de la lucha entre el papado y los emperadores, fue el desmembramiento pol铆tico de los dos principales pa铆ses del imperio: Alemania e Italia, que muy tard铆amente lograr谩n su unidad pol铆tica mon谩rquica (en la segunda mitad del siglo XIX).

La unidad alemana queda rota por los grandes principados (laicos y esclesi谩sticos), mientras que Italia se parcela en diversas rep煤blicas y ciudades m谩s o menos independientes, dentro de la lucha entre g眉elfos y gibelinos (a favor unos de un imperio federalizado, y partidarios los otros de la independencia del Papa, pero siempre buscando los intereses de sus respectivas familias).
Estas luchas provocar谩n largas guerras entre las ciudades italianas, especialmente entre Mil谩n, partidaria del emperador, y Florencia, campeona de la libertad de Toscana.
 

b) Pero el inmenso poder papal soportar谩 un alto precio: todas las formas de corrupci贸n, mundanizaci贸n y abusos de todo tipo en las m谩s altas jerarqu铆as eclesi谩sticas;  pujas por el papado entre facciones pol铆ticas rivales (italianos, alemanes y franceses), el exilio de los papas en Avi帽贸n al servicio de Francia, y un  cisma en el que hubo dos y hasta  tres  papas o antipapas al mismo tiempo.

Todo lo cual ir谩 produciendo un creciente malestar contra el papado romano, lo que provocar谩 sucesivos movimientos nacionalistas-religiosos que culminar谩n en la reforma protestante y en la ruptura de la Iglesia de occidente y de su ideal de cristiandad.
 

Duro precio que se pag贸 por un poder omn铆modo, cuya polic铆a era la temible Inquisici贸n, (primero episcopal y despu茅s encomendada a los dominicos), 鈥渄efensora de la fe鈥, una fe absoluta que prohib铆a pensar con libertad; ejemplo de la estrecha relaci贸n entre el poder absoluto, un sistema institucional y un pensamiento r铆gido considerado como la 煤nica verdad.
Este instrumento (desde 1184) ten铆a el funcionamiento de una verdadera maquinaria de guerra, en estrecha alianza entre el poder eclesi谩stico y el civil (llamado 鈥渂razo secular鈥, encargado de las ejecuciones y polic铆a).

Sus m茅todo son ampliamente conocidos: obligaci贸n de delatar a los sospechosos de ser herejes, brujas, de practicar la magia, de ser jud铆os, de no acatar los dogmas o la autoridad romana o civil. Despu茅s la c谩rcel, los interrogatorios con crueles torturas  (aprobadas oficialmente) para obligar al sospechoso a confesar su delito. Los delatores son an贸nimos y jam谩s el acusado puede defenderse ante ellos.  Los testigos est谩n obligados a hablar bajo juramento, aunque sean criminales.
El inquisidor escoge al abogado del acusado. Finalmente, si 茅ste no confiesa o si es declarado culpable, es condenado a煤n a muerte, a menudo con el horrendo suplicio de ser quemado vivo.
Un ejemplo sangriento, con cientos de v铆ctimas inocentes, para que la historia comprenda qu茅 es la represi贸n ideol贸gica y hasta d贸nde puede llegar un poder que se considera divino y absoluto.
 

En el siglo XIII adquiere forma casi definitiva tambi茅n la doctrina filos贸fica y teol贸gica de la Iglesia, conocida como Escol谩stica, con los grandes maestros dominicos, Alberto Magno y su disc铆pulo Tom谩s de Aquino, importante no solo como te贸logo sino como pensador pol铆tico, ya que su filosof铆a pol铆tica orient贸 por siglos a la Iglesia Cat贸lica, y a煤n hoy perdura en determinados centros conservadores. Fue la etapa del brillo de las Universidades, centros de la escol谩stica y de todo el saber de ese entonces.
 

5. Ideolog铆a de Occidente y de la Cristiandad
 

鈥淥ccidente鈥, horizonte donde se pone el sol, es el nuevo horizonte medioeval que llega hasta nuestros d铆as. Es el mito org谩nico que incluye numerosos enunciados ideol贸gicos y culturales. Una nueva l铆nea de civilizaci贸n de los pueblos sumergidos en las tinieblas (paganos, infieles, b谩rbaros y salvajes).
Es el mito fundador de una nueva ideolog铆a, cuyos elementos esenciales ya hemos enunciado.
Esta grande y nueva ideolog铆a se plasma en La Cristiandad, la cristiandad de occidente, s铆mbolo de poder y de superioridad, que tiene un territorio propio pero que busca expandirse constantemente. 

Pero no es un mito homog茅neo, como no lo es la Edad Media. La Edad Media engendra el mito de occidente, al cual todos querr谩n pertenecer, con los aportes renovadores de la edad moderna que rechaza cierto oscurantismo anterior.
Es, pues, un concepto ambiguo: se lo adopta si indica superioridad, pero se lo rechaza si significa edad media conservadora, clerical y poco culta.
 Mito en crecimiento, con insumos antiguos (greco-romanos), nuevos (germano-anglo-sajones) y cristianos, sin definirse demasiado ese concepto que tambi茅n es ambiguo (驴Es lo mismo cristianismo que cristiandad?).

Sea como fuere, desde entonces Occidente es considerado el motor de la historia, y la historia es fundamentalmente occidental, como tambi茅n la iglesia.
 Es un mito de poder y de revalorizaci贸n del poder, tanto pol铆tico como religioso. Si el mundo grecoromano somet铆a el sacerdocio al poder pol铆tico, la primera edad media confunde ambos t茅rminos hasta que el poder pol铆tico es sometido al sacerdocio, cuando el papado triunfa sobre las pretensiones de los emperadores (鈥渓ucha de las investiduras鈥). 

Es la idea de un poder universal, que busca extenderse conquistando y evangelizando nuevos pueblos, intentando reconquistar la tierra santa ahora en manos musulmanas (Cruzadas), y ampli谩ndose con tantas conquistas que llegar谩n hasta los nuevos pueblos de Am茅rica, Asia  y Africa en los siglos sucesivos, pero siempre con la misma din谩mica de expandir la fe verdadera y la cultura verdadera.

Occidente, aunque comience limitado geogr谩ficamente en la Edad Media, siempre significa 鈥渦niversalidad鈥 (o catolicidad, en sentido etimol贸gico) y tiene vocaci贸n por esa universalidad, que estar谩 ligada necesariamente a imperio y a colonialismo, que se concretar谩n en siglos siguientes desde las mismas naciones que vemos nacer en este per铆odo y que terminar谩n constituyendo estados modernos y nuevos imperios (espa帽ol, franc茅s, ingl茅s, alem谩n, ruso).
 

Es el mito de un poder sagrado, siempre considerado como venido de Dios, sea religioso o civil, cat贸lico o protestante. El poder como un sacerdocio al servicio de Dios (concepto tambi茅n del islam).
Tenemos, pues, el marco ideol贸gico para un poder universal sobre el mundo, siempre en nombre de occidente y de Dios, Dios de poder (sin importar si tambi茅n es Dios de amor) y poder de Dios. De un Dios 煤nico y verdadero, de un monote铆smo que ser谩 compartido a霉n por fil贸sofos y pr铆ncipes liberales que se declaran no cristianos. 

Por eso es un poder que exige obediencia y sumisi贸n, que necesita 鈥渟煤b-ditos鈥, porque es poder divino (importancia de Pablo en el cap. 13 a los romanos). Poder y obediencia nacen de este concepto religioso que viene desde la m谩s remota antig眉edad y que cristaliza en occidente por medio de san Pablo, san Agust铆n, santo Tom谩s y Lutero, plasmado por emperadores, reyes y papas.
 
Un poder que no se justifica por s铆 mismo, sino por Dios, lo que supone que es la Iglesia la que justifica al Estado (el papa unge al emperador). Es lo t铆pico del occidente medioeval.
Tienen que pasar siglos para que el poder sea justificado por la voluntad del pueblo.
Poder centralizado y piramidalmente jer谩rquico, que baja de Dios al papa, de 茅ste al emperador y a los reyes, y de ellos al resto de la pir谩mide (obispos, nobles, guerreros, funcionarios y sacerdotes, y abajo el pueblo.). 

Un poder que no es fin en s铆 mismo, sino medio o instrumento para el bien espiritual o gloria de Dios. Se supone que es Dios mismo quien gobierna mediante sus representantes en la tierra. Y si Dios es 煤nico, uno solo tiene que ser el papa y uno solo el emperador. La sociedad humana tiene que imitar a la sociedad divina.
De all铆 la importancia de los dogmas trinitarios, de la divinidad de Cristo y de la fundaci贸n divina de la Iglesia. Son dogmas que fundamentan un orden absolutamente jer谩rquico, con una radical distancia entre autoridad y pueblo.

Y como Dios es santo, tambi茅n los fundadores del nuevo orden son santos, con las canonizaciones de Constantino (por la iglesia bizantina), de Carlomagno (por un antipapa apoyado por los sajones), de papas y reyes y de cuantos expresan la nueva ideolog铆a y su praxis en forma m谩s perfecta (San Agust铆n, San Bonifacio, Sto. Tom谩s de Aquino, San Luis rey de Francia, etc.)
 

El Estado moderno tendr谩 que producir justificaciones parecidas. Dios, el hombre, la naturaleza humana, el g茅nero humano, la soberan铆a popular... todas ellas categor铆as para ejercer un poder 鈥渟agrado鈥 inviolable y absoluto.
Sus fines tambi茅n son sagrados y absolutos: la libertad, la prosperidad, la felicidad universal y la propiedad privada. Lo importante es que comprendamos que la estructura del poder se cristaliza en la Edad Media, m谩s all谩 de matices y palabras justificatorias.

Occidente es el mito de nuestra historia, mito fundante de una historia que reconocemos como propia, con sus grandezas y sus bajezas, extra帽a mezcla de motivos profanos y sagrados, sin olvidar nunca esa vocaci贸n rectora, privilegiada y dominante de la historia y de sus pueblos.
Un mito que hoy, finalizando el siglo XX, est谩 en crisis total de identidad y de vigencia, en plena 茅poca de posmodernidad y de neoliberalismo. 

Hasta el propio concepto de imperio romano germ谩nico es m谩s m铆tico que real, a menudo sin emperadores o con un escaso territorio despedazado por el feudalismo y por los nacionalismos locales. Pero lo importante es esa idea de unidad cultural, religiosa y pol铆tica: el imperio romano-germano-cristiano como mito de Occidente, o simplemente, la Respublica Christiana.

 
Sintetizando: un imperio o cultura con varios ingredientes o insumos:
       El germano-franco que consideraba desde siempre la realeza como propiedad hereditaria del rey. Herencia que se divid铆a entre los hijos con las implicaciones pol铆ticas del caso y que dio origen al feudalismo.
       El romano, con todos los aportes del derecho romano codificado ya por Justiniano, con su sue帽o de unidad, universalismo y poder centralizado y directo (a煤n los reyes deben su poder al emperador).
       El cristiano, que ya hemos analizado lo suficiente. Un cristianismo muy especial, que mirado desde el mensaje de Jes煤s y de la primitiva iglesia, es simplemente  irreconocible.  

6. El sistematizador:  Santo Tom谩s de Aquino
( 1225-1274)
 

El dominico Tom谩s de Aquino, oriundo de una noble familia del norte de Italia,  es el m谩s ilustre de todos los aristot茅licos cristianos, de all铆 su importancia en la historia del pensamiento pol铆tico. Los escritos de Arist贸teles llegan a Occidente por medio de los fil贸sofos 谩rabes y jud铆os (Averroes, Maim贸nides) y son traducidos al lat铆n por primera vez en la 茅poca de sto. Tom谩s (disc铆pulo de san Alberto Magno) que  hace una s铆ntesis de la filosof铆a aristot茅lica con la Biblia, desplaz谩ndose as铆 a Plat贸n y san Agust铆n.

El pensamiento pol铆tico de santo Tom谩s lo encontramos especialmente en la Suma Teol贸gica, Suma contra los gentiles, Comentarios sobre Etica nicomaquea, Comentarios a la 鈥淧ol铆tica鈥 de Arist贸teles y La Monarqu铆a.
 

a) Como Arist贸teles, Tom谩s pone como fundamento de la filosof铆a pol铆tica a la naturaleza humana, pues el hombre es un ser pol铆tico y social. El hombre se inclina, naturalmente, a formar una sociedad indispensable para su perfecci贸n.
Debido a su natural indefensi贸n, necesita de los otros para subsistir, a pesar de estar dotado de raz贸n, lenguaje y otros instrumentos corporales.
Su primera sociedad es la familia, cuyo fin es satisfacer las necesidades de la vida y garantizar la conservaci贸n del individuo y de la especie. 
Pero la familia no es suficiente para aportar todo lo que el hombre necesita para el sustento, seguridad y obtenci贸n de la virtud.

La 煤nica sociedad humana, totalmente autosuficiente, capaz de asegurar las condiciones de la virtud y de satisfacer todas las necesidades terrenales del hombre es la ciudad, o sea, el Estado.
La sociedad civil, como perfecta que es, abarca a todas las otras sociedades humanas, estando ordenada a un fin superior y general: el bien humano completo. 

b) Lo que da forma y determina a la sociedad civil (ciudad, estado) es el r茅gimen de autoridad. Por lo tanto, tambi茅n la autoridad es algo natural, en contraste con la esclavitud, fruto del pecado del hombre.
La autoridad pol铆tica es el gobierno de hombres libres sobre hombres libres, y tiene por objeto el bien com煤n de todos los ciudadanos, que, en cuanto hombres libres existen para s铆 mismos (a diferencia del esclavo que existe para el amo). 

En consecuencia, la sociedad civil es m谩s que la suma de los individuos, y su fin com煤n es m谩s que la suma de los intereses particulares de sus miembros.
La sociedad es anterior a cada individuo particular, y su bien final es superior y 鈥渕谩s divino鈥 que el  bien de cada sujeto.
Por tanto, en caso de conflicto entre bien com煤n y bien particular, debe primar el bien com煤n, a煤n con el sacrificio supremo (como en caso de guerra). 
Este bien com煤n, que es el fin de la autoridad, es, antes que nada, la paz o la armon铆a de las diferentes partes que componen la sociedad. Hay paz cuando cada parte se adapta al todo y funciona en razonable armon铆a. Esta paz, que incluye la necesidad de defenderse de los enemigos, es el nivel m铆nimo y condici贸n de una sociedad.

El fin supremo es la promoci贸n de la vida buena o virtud entre los ciudadanos
.
 

c) En la vida pr谩ctica, hay ciudadanos o sociedades atra铆dos por una variedad de bienes, como la virtud, la riqueza, el honor, la libertad, siendo unos m谩s nobles que otros. En cada r茅gimen de gobierno, prima uno de estos bienes, que es el modo particular de vida de cada sociedad.
De all铆 la importancia de saber cu谩l es el mejor r茅gimen y sistema de autoridad.Lo razonable es que el mejor hombre gobierne a la ciudad y que los cargos sean distribuidos seg煤n la virtud de cada uno.

En este sentido, el r茅gimen m谩s deseable, tambi茅n porque da m谩s unidad, es la monarqu铆a, o sea, el gobierno de un hombre sabio y virtuoso. El problema es c贸mo detectar la verdadera sabidur铆a y virtud de un hombre.
Por eso la monarqu铆a tambi茅n es el r茅gimen que entra帽a el mayor peligro, ya que f谩cilmente degenera en tiran铆a que es el peor de todos los gobiernos. La unidad de la sociedad requiere poder considerar todas las necesidades particulares de sus componentes, para que sean razonablemente conciliadas.
O sea, hay que combinar la sabidur铆a del gobernante con el consentimiento general.
Por eso, en la pr谩ctica, el mejor r茅gimen es el mixto, o sea, el sistema que mezcla los mejores rasgos de la monarqu铆a, la aristocracia y el consentimiento mediante una constituci贸n.
Tom谩s pone como precedente noble de esta postura a la antigua constituci贸n hebrea, que equilibraba la autoridad de Mois茅s y sucesores con el Consejo de Ancianos escogidos por el pueblo. 

d) Por lo tanto, es el imperio de la ley lo que garantiza la eficacia del mejor r茅gimen que, adem谩s de suplir la normal escasez de hombres sabios y virtuosos, controla la tendencia a los abusos. De all铆 la importancia de los legisladores que dedican el mayor tiempo posible y con la mayor autonom铆a a la tarea de considerar los problemas y sus circunstancias.
 
Las leyes son el instrumento privilegiado de la pol铆tica, y est谩n al servicio de los gobernantes para que promuevan el bien com煤n de la justicia y de la moral. La virtud moral se adquiere cumpliendo las normas prescriptas por una ley buena.Finalmente, las leyes necesitan ser promulgadas, aplicadas y tambi茅n enmendadas, y son producto del r茅gimen mismo en que se originan. 

e) Como vemos, hasta aqu铆 el pensamiento de Tom谩s coincide con el de Arist贸teles. Pero Tom谩s hace algunas modificaciones desde la influencia cristiana y el estoicismo, dando una fundamental importancia a Dios, como fuente de toda ley.
Por medio de la ley natural, el hombre tiene acceso directo al orden universal  mediante la raz贸n; orden y ley que est谩n por encima de cualquier r茅gimen o sistema concreto. El hombre, pues, forma parte de una comunidad universal gobernada por la Providencia de Dios, cuya justicia es muy superior a la justicia de cualquier r茅gimen humano (ideas ya expresadas por Pablo en la Carta a los Romanos).
Hay en Tom谩s, pues, una clara y normal influencia de la revelaci贸n b铆blica y una alusi贸n al Reino de Dios, alcanzable s贸lo por medio de la gracia salvadora, y no solamente por iniciativa humana. 

Por tanto, la sociedad civil deja de ser la 煤nica responsable del bien com煤n, y debe ser juzgada por una norma superior a la que se subordinan todas las acciones humanas de todos los pa铆ses del mundo. Hay, pues, un car谩cter extra-pol铆tico en la concepci贸n tomista. 脡tica y pol铆tica no son dos partes de una misma ciencia, sino dos ciencias separadas y subordinadas.
 
Santo Tom谩s le da, pues,  una gran importancia a la ley natural, siendo la naturaleza humana el principio intr铆nseco de una inclinaci贸n que comparte los criterios de la ley divina. Por tanto, antes de toda deliberaci贸n de legisladores y pol铆ticos, existe una ley natural que inclina al hombre hacia el bien, dentro de un orden preestablecido, y hacia la verdad.

Gracias a la raz贸n, el hombre participa de este orden de la Providencia, con mayor perfecci贸n que los otros seres. Este orden es una ley, promulgada por la naturaleza, norma infalible sobre la bondad o maldad de los actos, que le permite al ser humano distinguir lo justo de lo injusto.
Sus preceptos conforman lo que se llama conciencia.
 

Como los dictados de la ley natural son 鈥渓eyes鈥 en sentido estricto, son obligatorios y no puras recomendaciones. Por lo tanto, obligan bajo pena de castigo, al menos en la otra vida (Todo esto significa una gran diferencia con el pensamiento de Arist贸teles, que habla de la ley natural de una forma muy gen茅rica, y no la considera absoluta y universal, sino fruto de cada pueblo o cultura. Ver el enfoque que da a este tema Marsilio de Padua y Ockam en el punto siguiente).
 

Esta justicia ulterior, supone la inmortalidad del alma y la existencia de un Dios omnisciente, todopoderoso y justo que gobierna al mundo con sabidur铆a y equidad, y a cuyos ojos todas las acciones humanas son meritorias de premio o castigo.
Por tanto, violar la ley natural es violar la ley divina. Lo que implica que la vida moral de un hombre y ciudadano no es simple fruto de convenciones sociales sino que es una cuesti贸n de obediencia voluntaria a la ley de Dios, siempre obligatoria. Estas normas universales y supremas fueron tambi茅n promulgadas por medio de Mois茅s en los Mandamientos o Dec谩logo. Y obligan a煤n en el caso de que el hombre deba soportar presiones o violencias en su contra (como en el caso de los m谩rtires). Nada excusa su cumplimiento. 

f) Obviamente, la ley natural (dif铆cil de por s铆 de ser conocida en detalles) s贸lo ofrece normas muy generales e indicativas de conducta humana, y debe ser completada con leyes positivas humanas.
Las leyes humanas se derivan de la ley natural. Ejemplo, si la ley natural exige no hacer da帽o al pr贸jimo, la ley humana reglamenta esa norma en casos particulares de da帽os f铆sicos, morales, violaci贸n de propiedad, etc.
Esta adaptaci贸n supone considerar todo una serie de circunstancias, como intenci贸n del sujeto, cantidad de da帽o, etc.
 
Como puede observarse, santo Tom谩s hace una s铆ntesis entre filosof铆a aristot茅lica y fe b铆blica. En este sentido, la ley natural es obligatoria por emanar de la raz贸n, y no por estar prescripta en los Mandamientos.

Pero, por ser tambi茅n ley, alude a la voluntad de Dios y exige obediencia.
Dios, no es s贸lo la causa del universo y el motor inm贸vil (como dec铆a Arist贸teles) sino el legislador y principio de todo orden social.
Lo que implica, en definitiva, una subordinaci贸n de la filosof铆a (que s贸lo tiene en cuenta la raz贸n) a la teolog铆a, auxiliada por la revelaci贸n divina, y de la sociedad civil a la Iglesia. 

Desde entonces, el pensamiento pol铆tico de santo Tom谩s queda como pensamiento de la filosof铆a y teolog铆a perenne cristiana (Escol谩stica tomista), y Arist贸teles, un gran desconocido en toda la Edad Media, adquiere el gran prestigio que perdura hasta hoy.


Como veremos en los siguientes m贸dulos, el pensamiento de Tom谩s ser谩 contradecido por Lutero y por Maquiavelo, y desde entonces, por los fil贸sofos de la modernidad; pero, ya en forma inmediata por Marsilio de Padua y otros pensadores antisist茅micos.

Su esquema, aunque grandioso, no deja de ser tradicional y conservador, sin una cr铆tica a fondo de la estructura eclesi谩stica.